Era un soleado día de invierno en el centro de España, el sol atenuaba las
bajas temperaturas invitando al jolgorio. Como muchos sábados, Álex se
despertó, remoloneando, con la nariz metida aún bajo las mantas, al ver el buen
tiempo que hacía, hizo un sobresfuerzo y decidió vestirse con lo primero que
cogió de la montaña de ropa de su habitación e ir a darle un buen baño a su niño
mimado, su BMW. Tras esto, llamaría a los perezosos de sus colegas para ir a
tomar algo al centro. Lo más importante: su coche deslumbraría…
Llegó al lavadero, su ánimo decayó en picado, tendría que esperar un
buen rato a que las malditas tuberías se descongelasen, armándose de
paciencia, situó su coche el primero de la fila y tumbándose en el cómodo asiento
a esperar.
Dormitaba cuando unos golpes en la ventana llamaron su atención:
TOC TOC TOC
Abrió los ojos, sus brazos se descruzaron del pecho involuntariamente,
desplazándose hacia los laterales, pesados como si fueran losas de mármol, el
estómago le apretaba el gaznate mientras la vergüenza se lo comía vorazmente.
Su dignidad luchaba por salir airosa. Abrió la ventana, ir en manga corta debajo
de aquella sudadera de cremallera con capucha ahora no parecía tan buena
idea.
― ¡Hola! Perdona, ¿sabes cuándo abrirán esto?, los rodillos también están
cerrados… ―Pregunta una joven.
― Balbucea un instante, recomponiéndose para hablar con un tono rudo―
Ejem, supongo que con el sol que hace no tardará mucho…
― ¡Gracias! ―Vuelve a su coche que está justo detrás del de él.
― De nada… ―Observa por el espejo retrovisor el trasero danzarín de la
chica, está muy buena y ha hecho que no pueda volver a dormirse.
Tras recomponerse, escribe a sus amigos para verse:
Tío, ¿Qué pasa?, quedamos en un rato, voy a lavar el coche, a ver si abren pronto
esto…
Yo estoy haciendo unas cosas, en un rato nos vemos, ¿vienes a por mí?
Paso por casa y voy, sobre las doce, ¿ok?
Escribía en el grupo, cuando por el espejo ve a la chica de antes que se
acerca hacia su coche de nuevo, simula no haberla visto y espera a que ella
toque el cristal.
TOC TOC TOC
― Álex baja la ventanilla― Perdona de nuevo, pero esto no avanza, ¿sabes
más o menos a qué hora abrirán? ―Álex le insta a que se aparte un poco,
posando la mano en la maneta de la puerta para bajar del coche.
― Discúlpame por ser tan pesada, pero es que no tengo mucha paciencia,
me llamo Abi, voy a preguntar al dependiente y si no me dice nada
optimista, me vuelvo a casa…
― Tranquila, bueno, en primer lugar, soy Álex ―siente como la garganta se
le empieza a secar, intenta tragar, pero le cuesta, lucha por no mirar
demasiado los pechos ni el cuerpo de la chica, no se había fijado bien,
pero tiene unas formas que han hecho despertar su libido y con los
pantalones de chándal gris claro que lleva no puede jugar demasiado así
que intenta recomponerse y pensar de forma fría, carraspea aclarándose
la garganta― abrirán en un rato, hasta que las tuberías no se descongelen
el agua no saldrá…
― Vale, hasta ese punto entiendo, pero no sabrás más o menos… ¿A qué
hora suele pasar eso? —Responde ella mirándolo de forma pícara a los
ojos.
― Pues no sé… no soy el hombre del tiempo… ―Responde intentando no
tartamudear esbozando una media sonrisa.
― El hombre del tiempo poco dice de esto jajaja –ríe echando la cabeza hacia
atrás agitando sus torneados pechos en los que el frío y la poca ropa han
hecho que las puntas se sitúen más cerca aún de la cara de Álex, algo que
no ha pasado inadvertido para él obligándole a estirar la camiseta hacia
abajo suplicando que ella no se percate de que algo que va a su aire se
está “poniendo nervioso”, juega con las piernas para disimular, son unos
segundos en los que Álex tiene que lidiar con demasiadas cosas para ser
primera hora de la mañana…
Pasan largo rato hablando, las conversaciones son de lo más interesante,
Álex está disfrutando, no sabe qué hora es, tampoco le importa, Abi le pone y
mucho, lucha contra su mente que no hace otra cosa que escenificar esos ojos
verdes transformándose mientras él se la come, esas tetas seguro son
agradecidas con cada uno de sus lametones.
Pensar en como logrará que su espalda se arquee con los ojos
blanquecinos vueltos hacia atrás lo bloquea, pensamientos solapados con
esfuerzo en un intento de mantener la mente fría para no reflejar en su cara y
menos en otro lugar aquellos ardientes deseos.
Por otro lado (el intelectual), Abi es de lo más interesante, se está
divirtiendo, no quiere que el momento acabe…
― ¡Chicos, ya podéis usar las mangueras! —Grita el encargado.
― ¡Vale! —Levantando el brazo sonriente acompañándolo de un pequeño
saltito, responde entusiasmada haciendo que a Álex se le desvíe la mirada
de nuevo recorriendo el bote—. Bueno… —Abi simula timidez al
percatarse del gesto, se muerde un dedo apretándose un pecho con
sutileza y fingida ingenuidad.
― Eh, pues… —no logra articular palabra, de su boca salen unos balbuceos
ilegibles.
― ¿Te apetecería quedar a tomar algo? —Pregunta sonriente.
― Gracias, jajaja, no sabía cómo decírtelo, llevamos aquí tanto rato que
siento como si nos conociéramos de muchísimo tiempo…
― ¡A mí me pasa lo mismo!
― Pero… ¿no vas a lavar el coche?
― No, es tarde y tengo que hacer muchas cosas, te dejo solito…
Se intercambian los números, en cuanto la pierde de vista, escribe para
comentarle que sobre las doce estará en el centro, arrepintiéndose al momento,
cree que ha parecido demasiado desesperado.
Ella le contesta al cabo de pocos minutos, respondiéndole que irá con unas
amigas a tomar algo.
Hola, ¿Dónde estáis?, vamos al centro… ―Pregunta Abi.
Álex no tarda un segundo en contestar— Venid al “Bar Tercio”
Perfecto, ¡en diez minutos nos vemos allí!
Estoy impaci… ―Álex borra el mensaje— Ok, aquí os esperamos.
¡Si, allí nos vemos!
― Tío, te ha cambiado la cara jajaja —Exclama su amigo haciendo a Álex
enrojecer.
Abi y sus amigas llegan al bar, pasan el día todos juntos, aparte de ellos
dos, otros también han “conectado”.
Terminan la tarde, ninguno se quiere ir, los dos grupos han congeniado
bien, Álex y Abi cada vez están más deseosos de estar a solas, se rozan
sutilmente las manos de vez en cuando, miradas fugaces, tonteo… Está tan
ansiosa de esas manos recorriéndola que tiene que distraerse con frecuencia
para no desmayarse ante la falta de sangre en la cabeza.
Álex espera la oportunidad de un encuentro fortuito en el baño, quiere
despedirse de todos e irse con ella, comerle aquellas generosas y puntiagudas
montañas que lo provocan mientras estruja ese duro culo que engulle unos
apretados vaqueros, no ve el momento en probar el ardiente caldo que saldrá de
ella para después deslizarse dentro una y otra vez poniendo en práctica todas
las posturas que más le gustan, el alcohol poco a poco hace que su templanza
se vaya esfumando a un ritmo preocupante.
Abi se levanta, va al baño, misteriosamente no va acompañada de ninguna
de sus amigas, todos están muy ocupados riéndose entre sí, espera a que
avance unos segundos y sin decir nada se levanta y va tras ella, Abi abre la
puerta del baño y cuando va a pasar, Álex apoya con suavidad el pecho sobre
su nuca, sujetándola por la cintura, ella se gira con una sonrisa, señal inequívoca
de que la barrera está subida, sin titubeo, le da un apasionado beso mientras la
sujeta por el cuello y las caderas…
Los pantalones le van a estallar, siente el pálpito bajo ellos, un millón de
hormigas concentradas han decidido bailar al son de este impulso, esas tetas
contra su torso lo destrozan, se ha de comedir para no subir la mano que le
aprieta la cadera, arrancarle la blusa salvajemente y comérselas de una vez. Ella
menos sujeta ya tiene una mano metida por dentro de su camisa, las suaves
yemas de los dedos le acarician presionando su espalda, marcándole la piel
sutilmente con el filo de las uñas, con la otra mano agarra de una trabilla del
vaquero atrayéndolo, anhelando más. Álex quiere bajar las manos, apretar aquel
trasero y empujarlo para hacerla subir, sentir la presión de como las torneadas
piernas de aquella mendiga de placer lo envuelven abandonándose a toda
indecencia, situación que sucederá en segundos si no son capaces de controlar
y parar en breve. Si continúa la provocación, la encimera y espejo del baño serán
testigos de algo más que de un retoque facial, así como cualquiera que entre a
usar los baños…
Aún no es momento de parar, allí mismo la haría deshacerse de placer,
pero ya que ninguno de los dos se conoce y no desean que el otro huya
despavorido, necesitan apartarse, dejando el postre para el final de la velada.
Álex se mortifica impidiéndose el agarre a la delgada línea de control que
le queda, tiene la certeza de que está tan excitada que no quiere ni cavilar en
cómo tiene que haber comenzado ya el derramamiento salado de en la cavidad
del placer, una humedad que lo va a hacer enloquecer solo con tocar la entrada.
Tantea un poco para conocer el límite, sube una de sus manos y con el
pulgar roza la dura bola a través de la fina tela, Abi no se aparta, está tan
embriagado que siente como las primeras gotas del preludio de lo que va a pasar
salen mojando su camisa sin darse cuenta de que ya ni la ropa interior puede
contener aquel derramamiento de calentura.
Ella no rechaza ningún roce, al contrario, gime cerrando los ojos echando
la cabeza hacia atrás mordiéndose el labio con fuerza, gesto que aprovecha para
devorarle el cuello sin descuidar su dedo palpador que ya ha hecho avances y
ayudándose del índice hace la pinza en aquel duro pezón, si sigue gimiendo, lo
matará…
Su mano ya cubre al completo la turgente masa que revolotea con cada
inspiración dejándose estrujar, el tacto es increíble, se muere por comérsela,
pero ha de controlarse, baja por la clavícula, el tímido escote se convierte en una
generosa abertura al abrir los botones con el paso de su barbilla, ese cuerpo
demanda más y él no puede parar, observa un pequeño encaje que deja entrever
un cambio de color, un rosáceo sobre la blanquecina piel que grita el nombre de
su boca, necesita humedecer aquella isla con vehemencia o se volverá loco,
recorre el esternón con la lengua acudiendo a la llamada del montículo juguetón,
― Se oye un carraspeo— perdón…
― Emmmm, sí… ―Ambos saltan intentando mantener la decencia.
― ¿Va a pasar?
― Eh, sí… ¡Sí! —Abi se abrocha la camisa con disimulo y pasa al baño de
mujeres, Álex se recoloca el bulto del pantalón en un ridículo intento de
paliar su vergüenza. Una gran parte de su sangre se encuentra
concentrada doliéndole por la presión, aquella chica lo ha noqueado, ahora
no puede pensar en otra cosa que en lo que casi tenía en la boca, quiere
trazar el camino completo con su lengua y deleitarse en su parte favorita
del torso de Abi, no va a dejar nada, verla con los ojos en blanco ha hecho
que quiera volver a hacerlo sin interrupciones. Pasa al baño de hombres,
intenta sin mucho éxito recuperar la cordura, observa que efectivamente
la camisa que lleva se ha manchado, su cerebro está impedido para
razonar, intenta secar un poco la tela mientras se calma, respirando hondo
para salir.
Sentados en la mesa, se miran una y otra vez, miradas fugaces donde el
fuego que late en su interior protagoniza todas las escenas y celoso les impide
participar en cualquier conversación con una frase que sea algo más larga que
un monosílabo.
Sus amigos, cansados de verlos luchar contra sus ganas de desnudarse y
desfogar lo que han encendido, les dicen abiertamente que se vayan de allí.
Deciden ir a casa de Abi ya que ella le expresa que estará más cómoda, a
Álex todo le da igual, tiene tan poca sangre en el cerebro que si le dice que vayan
a una cueva llena de lobos le irá bien.
Al llegar a casa, Abi le ofrece algo de beber, él no vacila, sabe que si beben
mucho más el alcohol hará mella, se agacha para poner música “de ambiente”,
sin dilación aprovecha para pegar su cuerpo al de ella.
Sonriente, se da la vuelta sabiendo lo que le espera, ve en su mirada lo que
desea, sin aviso, la aferra por el trasero con ambas manos montándosela a
horcajadas en la cintura, enroscada alrededor de él, avanzan hasta llegar al sillón
donde se sienta dejándola cara a cara con él, en esa posición tiene todo a su
alcance. La besa con avidez, mientras, con una mano la agarra del pelo
dócilmente aguantándose las ganas de asir esa mata y tirar con salvajismo, la
otra se desliza en una deleitosa carrera bajo su blusa, ascendiendo por la
maravillosa curvatura de la espalda llegando al objetivo fructíferamente para
desabrochar el cierre del sujetador con sobrecogedora habilidad.
Abi se percata sobresaltada, le da igual, sabe el resultado y el camino
puede hacerse como quiera, lo siente bajo sus caderas, está tan licuada y
apretada que no puede pensar, sin darse cuenta ya amasa sus excitadas tetas,
el primer contacto de su boca contra ellas hace que sienta una profunda
contracción, ha empezado por los laterales torturándola, “por favor”, suplica en
un susurro una y otra vez, necesita que llegue a la cumbre donde las
terminaciones emergen chisporroteantes. No llega, todo lo contrario, siente su
sonrisa dibujándose sobre su piel, la está martirizando y lo pagará caro, ansioso
salta hacia la montaña gemela anhelante de placer deseosa de ser saboreada
como su hermana.
Atendiendo a las demandas de Abi sumado a que si sigue tirándole del pelo
tendrá que ponerse injertos, por fin corresponde a sus deseos dándole un
lametazo seguido de una profunda succión, pequeñas dentelladas y ávidas
lamidas. Se estremece presionando su cuerpo contra el de él, si sigue así tendrá
un orgasmo antes de empezar, la pone muy cachonda y no quiere más que
aplacar aquel dolor causado por la hinchazón que siente entre sus piernas.
Con un rápido movimiento, gira sobre sí mismo tumbándola sobre el sillón,
está perdida, es una muñeca de trapo, totalmente a su merced, se niega a ser
una “estrella de mar”, pero él ha tomado el control y no parece que vaya a parar,
baja despacio por su abdomen, lanzándole fugaces y pícaras miradas
disfrutando de su sufrimiento, ella le suplica que pare, en realidad no lo desea,
no le gusta la indefensión a la que la ha expuesto. Le bastan dos certeros besos
cercanos ya al objetivo para que a ella le de igual todo lo que haga mientras le
aplaque de una vez aquel dolor vaginal, no ha atendido a sus súplicas y malicioso
observa como el final que ansía llegará pronto gracias a su serpentina lengua
que ya deja entrever.
Y llega, aparta con una suavidad dulzona lo que le separa de su festín, tras
una última mirada hacia arriba, sonriente, con la punta de su lengua roza lo que
va a comerse hasta que Abi se deshaga, y sin más dilación, se zambulle.
Al primer contacto, el contraste de la fresca humedad bucal con la carne
caliente y llena de sangre arquea su espalda, la tortura frenéticamente, saborea
la mezcolanza salada que sale del interior de su amante, introduce un dedo tras
otro hasta cubrir casi todos los puntos de su musculatura interna.
Está a punto, cada gemido que emana de su garganta y cada espasmo que
siente al apretar sus dedos contra las paredes cavernosas lo deja más cerca de
su línea de meta, le duele el vientre de lo excitado que está, lucha por no acabar
antes de empezar, arquea los dedos desatando el cuerpo de Abi, su anatomía
explota acompañada de un memorable grito de placer, su lengua y dedos siguen
trabajando sin descanso unos segundos más ralentizando poco a poco la labor
para dejarla despertar de su estupor.
La tupida cortina de sus ojos se abre por un momento, esas pestañas
entremezcladas con un toque verde lo vuelven loco, saca sus empapados dedos
despacio, se yergue quitándose la camisa y lanzándola a un lado, triunfador.
Jadeante y sudorosa, analiza cada centímetro del cuerpo de su verdugo, quien
sigue desprendiéndose de su ropa despreocupadamente permitiendo que los
atentos ojos de su víctima se deleiten con lo que le ofrece.
Acecha poderoso y dispuesto a triunfar, pero Abi no va a permitir que el
momento acabe tan sencillamente para él. Gran fallo el haberse olvidado de la
femenina rapidez de recuperación, con una agilidad sorprendente se incorpora,
los ojos de Álex gritan que no estaba previsto y ha destrozado sus planes de
ganar la batalla, no queda mucha legión para derrotar y ella acaba de renovar su
ejército al completo. Sin previo aviso, con una sola mano atrapa toda la sangre
concentrada de su cuerpo inmovilizándolo, sabe bien lo que hace, acaba de
destruirlo, una mirada lasciva penetra en la mente de Álex indicándole que las
piernas le van a flaquear de un momento a otro y que queda por sufrir un poco
más, él le acaricia el pelo mientras el dolor abdominal ya es demasiado para
soportarlo sin explotar.
Sin previo aviso, las esmeraldas desaparecen dando paso a una caliente y
reconfortante humedad, lo recorre por completo masajeándolo
acompasadamente, mano y boca bailan con energía, una lengua juguetona que
le devuelve con soltura la tortura infringida, la otra garra aprieta su trasero
empujándolo. La dulce caricia en el pelo se vuelve un agarre feroz y ansioso, no
para apretarla contra sí, si no para no desvanecerse, esos carnosos labios han
tocado la pared de su vientre por un instante, cada vez que esto sucede está
más cerca de que se acabe la fiesta. Sin pensárselo la aparta levantándola
suavemente mientras la pone de espaldas a él.
El roce de sus excitados pechos contra la tela del sillón y la escena pactada
la culminan, el juego del intercambio de poder es su favorito, gira levemente el
rostro para indicarle con una mirada sonriente que lo que le haga será bien
recibido. Él ya no puede respirar y menos pensar, liberar la dolorosa tensión
prevalece sobre todas las demás necesidades, posa una mano recorriendo su
sedosa piel hasta llegar al punto clave en ella, una maniobra de distracción que
prolonga con sus dedos juguetones, Álex apoya las rodillas sobre el sofá
envolviéndole las caderas con sus abductores.
Un torneado trasero lo saluda con alegría, su campo visual es perfecto,
posa las manos sobre su pelvis y apretándola hacia abajo, está entrando, la
perfora con dureza deleitándose del calor y la lechosa humedad unos segundos,
avanzando lentamente hasta hacer tope, debe controlarse, sujeta su instinto
animal mordiéndole la parte lateral de la nuca, aspira su aroma, siente lo mojada
que está y las glotonas palpitaciones que lo succionan hacia su interior.
La rodea con sus brazos bajo las axilas separando la piel de la aprovechada
tela, agarra con fuerza las pecaminosas montañas que le sobresalen del torso,
presionándola todo lo que puede contra su pectoral, juega con sus puntas,
sintonizándolas en un dial inexistente desviando su vista para calmarse, le
encanta su frenético vaivén, sabe que su integridad física peligra si ese brusco
movimiento se escapa a su control, pero no está para temores así que la deja
maniobrar mientras el placer le palpita ya fuera de sí .
Abi no colabora en su toma de control, sus gemidos hacen que lo pierda
pasando todo a un segundo plano, motivándole para embestirla con más
intensidad, está a punto de dejarse llevar, necesita hacerlo bien, endiosarse ante
aquella bestia sexual intentando no parar hasta que los dos desfallezcan. Sin
salir de ella, la aparta del cómodo asiento, los dos de pie deberán luchar por
sostenerse, con las manos de ella apoyadas en el asiento donde antes sus
rodillas lucharon por no desfallecer, las fuerzas se equilibran, con una mano le
agarra el pelo y con la otra azota su apretado trasero una vez, atrapa por última
vez sus caderas para un último apretón, ya viene, la batalla está a punto de
terminar, necesita ya ese paso o se desmayará. Siente como un rayo atraviesa
la longitud, al ver el final, se dejan llevar, culminando en un torrente difícil de
obviar.
Suelta la suave melena, falto de fuerzas se apoya sobre la espalda de su
amante a lo que ella, extasiada se desploma y ambos caen sobre el maltratado
sofá, Abigail por el momento está saciada, ha sido tan intenso qué siente como
su sangre continúa bombeando en su interior, pero ella no es de las que se dejan
dominar tan fácilmente y la guerra continuará en breve…
FIN
O… NO…


