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"Historia de un asesino"
Inspirada por el best seller “El Perfume”, Alexandra González luchó para conseguir su sueño, sus métodos “poco ortodoxos” no lograron ser entendidos por todos. La intensa historia nunca antes contada de la “Asesina del perfume”.
Una joven becaria que ve como “triunfar en la vida”, ―que es el centro de su idílico trayecto vital― se aleja veloz. Agobiada por su futuro, tiene una revelación, un tren que cueste lo que cueste no dejará escapar.
El trayecto no será un “camino de rosas” ya que sus enemigos, harán lo posible para destruirla y sus amigos, no entenderán sus revolucionarias técnicas. Un método que dio la vuelta al mundo y una mujer que conmocionó a la industria perfumista poniendo en jaque a las policías de todo el globo.
Hola, ¿qué tal lector?, mi nombre es Alexandra González, Alex, para ti que vas a descubrir mi lado más íntimo, espero que conforme leas las líneas que te regalo para tu banal entretenimiento y satisfacción me dejes descubrir el tuyo, es lo justo, ¿no? Prometo portarme bien contigo, yo desnudaré mi alma para ti, pero siempre condicionada a lo que estés dispuesto a desprenderte…
Si has decidido o mejor dicho atrevido a leer mi historia entenderás que no somos tan diferentes, solo que yo hice lo que todo ser consciente desea, experimentar con sus propios límites…
Dejando a un lado todo eso de las normas sociales y legales, cambiantes una y otra y otra vez, acorde a ¿quiénes?, la respuesta es compleja porque realmente no las cambiamos ni tú ni yo y los que lo hacen siempre permanecen en la sombra tejiendo las madejas que conforman el mundo…
Espero que logres entenderme y no creas que mis sublimes actos fueron solo por ego o como muchos los definieron, una parafilia llevada al extremo en un momento de incontenible éxtasis sexual que se me fue de las manos…
Estupideces, tras estas líneas haré que comprendas el maravilloso don que es la desinhibición, quitado de aquel pequeño inconveniente que causó la pérdida de mi libertad, no hay nada en este mundo que pueda dar el mismo placer, paciencia, no tardarás en saber de qué hablo… Qué… ¿a qué me dedicaba?, no tenía una profesión interesante, ni nada por el estilo, la vida me pasaba ante las narices sin pausa y sin saber qué coño hacer con ella, necesitaba salirme del rebaño, sabía que era diferente, mi energía interior me lo gritaba a diario, hasta que una noche descubrí “mi camino” y como pisar para que las huellas que dejara sobre él perduraran para siempre, solo necesitaba tener paciencia y estudiar como dejar aquella marca imborrable…
CAPÍTULO 1
El magnífico año 2015 no tuvo un ápice de compasión, corría como si de un Ferrari se tratara, sin darme cuenta de cómo cada vez le quedaba menos, iba cual autómata a mi trabajo junto a los cientos de borregos que formábamos la hora punta del metro de Madrid.
Hubo un tiempo en que aquel ritmo de vida me fascinó, estudiaba la carrera, luego Máster, después otro Máster, añade las clases de inglés que no podía pagar, pero que eran más importantes que comer variado, una semana a base de arroz se convertía en algo normal si con ello pagabas un precio abusivo por algo que un tío que solo sabía decir “oh my god”, ―todos sabemos dónde se aprende ese inglés―, te hacía el favor de juzgarte cuando viera tu currículum, bajándote de la nube de la seguridad con la que hubieras entrado a base tenues pero contundentes bofetones de indiferencia, para que la “titulitis” no se te subiera demasiado, logrando con ello llevar a tus esfínteres al límite de su capacidad de “apretación”.
Y tras el mal trago, agradecerle el honor de ser becaria por amor al arte…
Así que… ahí estaba yo, trabajando como la que más con la esperanza de que alguno de esos inútiles que habían llegado a ser “líderes”, se fijara en mi trabajo y tras explotarme, si no había ningún contratiempo, darme la noticia de que me contrataba por un sueldo que haría llorar a las cebollas…
No sucedió, el contrato no llegaba, pero no por ello desistí de luchar para lograr ser algo y poder realizar las etapas de la vida que venden como “ideales”.
Tras una larga búsqueda condimentada con frustración y ganas de dejarlo todo, encontré ese lugar que creí sería el trabajo de mi vida, al principio me ilusionaba cada vez que sonaba el despertador, saltaba de la cama con una sonrisa. Me duró un breve tiempo, después era como defecar, lo hacía por necesidad y sin pensar, estaba atada con una soga al cuello cual perro encadenado a una diminuta caseta, por muchos chaparrones que me cayeran encima, debía de dar gracias a los amos de que al menos tenía un triste cobijo.
― ¡Hola, buenos días Alex!, ¿tomamos un café?
― Buenos días, no sé, hoy estoy un poco revuelta, mejor luego…
― No seas boba, ¡vamos que tengo que contarte!
― Está bien ―Responde Alex arrastrando las palabras a la vez que Isa la agarra del brazo con energía para levantarla de la silla, sin soltarle, se dirigen al office, un espacio donde olvidar los paneles separadores que intentan sin demasiado éxito simular intimidad entre los trabajadores.
Ahhh, el office… agradable lugar, formado por paredes de pladur y una puerta que al atravesarla, te embaucaba la sensación de sentirte en el estómago de alguien que ha comido patatas, chocolate, remolacha y cerveza, eso no va a salir bien. Bueno, pues el “diseñador” de este oasis creó algo similar, un batiburrillo formado por alegres encimeras verdes y mezcladas con una intentona bienintencionada de “muebles a juego” que parecían haber sido abandonados allí por horrendos.
Todo el conjunto en “casi” armonía forzando una sensación ficticia de desconexión, pero sin llegar a ponerse las pantuflas de estar por casa ya que al rato te incomoda, trastocando la poca cordura que alberga todo ser humano hoy en día.
Un sinsentido enfadado con el resto de la planta, pero no se podía pedir más, siempre había disponible una máquina de café que te recibía con alegría y plena disposición, el café era infernal, sí, tal vez un nivel superior a infernal, pero siempre aguardaba con entusiasmo el estómago de cualquiera que sufriera de estreñimiento, un gran limpiador de tuberías, y… ¡unas tuberías limpias hacen que estés de mejor humor!
― ¡He estado toda la noche en su casa! ―Exclama Isa agitando las manos y dando pequeños saltitos.
― En casa, ¿de quién? —Pregunta Alex sin entusiasmo con la mirada fija en la máquina de café.
― Joder tía, ¿es que no has dormido, de quién va a ser? ¡De Mike! ―Alex inserta una moneda, aprieta una tecla, la máquina se pone en funcionamiento con énfasis como si llevara esperando trabajar toda la mañana, observa cómo el líquido color acre cae mientras el vapor sube con intensidad y el vaso de cartón va llenándose rápidamente, siempre se pregunta cuándo será el día en que el vaso se deshaga del asco por contener aquel brebaje, maldiciéndose por haberse olvidado su taza en el cajón de la mesa debido al entusiasmo de Isa, la rabia le forma un pequeño nudo en el estómago.
― Ah, Mike, creí que ya habías terminado con él, ¿no era un… ―Contesta sin demasiado sentimiento antes de que Isa le corte la frase.
― Estaba enfadada, no cuenta, es increíble, tan… ―Responde Isa apretándose los puños sobre el pecho entusiasmada, esperando a que Alex recoja el hirviente vaso reblandecido, decorado con granos de café y minúsculas letras.
― Vale, tranquila, es muy pronto para tanta efusividad, me alegro ―Deja paso a Isa, que le roza su abundante melena rizada por la cara, cerrando instintivamente la boca con fuerza para no comérsela. Percibe el dulce aroma que aquellas pequeñas y alegres ondas desprenden, cierra los ojos para disfrutarlo más intensamente.
» Isa, ¿qué te has echado en el pelo? ―Pregunta despreocupada soplando el café, intentando disimular su excitación ante el penetrante olor que sigue regodeándose en su pituitaria.
― Ah… Esta mañana me duché en casa de Mike, no lo digas, no, no me he cambiado de bragas jajaja ―responde avergonzada.
― No, al contrario, huele muy bien, el pelo te huele a frutas, es un olor placentero…
― Es que Mike tiene todo bio, eco, vegan y esas cosas ―Manifiesta con los ojos en blanco haciendo aspavientos con la mano―. Me explicó que el champú que utiliza, lo hizo una vecina de su pueblo, es sencillo, para el aroma, metía las plantas en una olla gigante, la calentaba y luego extraía el aceite esencial enfriando el vapor con un decantador o algo así, me dijo que se llamaba… bueno, no sé cómo se llamaba el proceso, pero es interesante, después se lo añade al jabón que ella hace y… ¡voilá! ya tienes champú natural, ¡cómo quema esto! ―Observa su vaso mientras con suma rapidez, lo cambia de mano, soplando el contenido, ajena a la expresión de su compañera, que analiza lo que acaba de contarle―. Alex, ¿estás bien?, tía, los lunes estás un poco rara…
― Es interesante, hueles bien, ¡hueles mejor que cuando te duchas! Jajaja ―Bromea intentando disimular su maquinación mental.
― Qué graciosa, estaré una semana sin ducharme e iré a tu cubículo a darme una vuelta…, en serio Alex, estás muy rara, sabes que puedes contarme si pasa algo ― rodea con la mano su antebrazo, Alex siente la calidez de la palma de su amiga.
― ¿Has dicho… enfriando el vapor? ―Responde con rapidez en un intento de evitar que a Isa le dé tiempo a pensar―. Eso es imposible, creo que te enteraste mal jajaja.
― Tal vez… estaba a otros menesteres mientras me lo explicaba, la verdad, soy más de letras y de cocinar al microondas ―Isa ríe avergonzada.
Estuvimos hablando un buen rato de las cosas veganas de Mike, de su casa, sus amigos… Isa me daba siempre tantísima información sobre su vida y la de los demás que podría escribir una enciclopedia, aun así, la apreciaba, su falta de maldad, alegría y ganas de vivir eran dignas de mi admiración.
No sabría concretar en qué momento mi mente desbloqueó el propósito de mi existencia, pero ocurrió de forma espontánea, ¡PAM! en un segundo, sentí como si hubiera estado en una celda encerrada y de repente al abrir una puerta tuviera una inmensa llanura que se extendiera ante mis ojos, fue… ¡Una revelación!, podríamos llamarlo así, sin pensar le pregunté:
― No te has preguntado ¿cómo olerías tú si extrajeran tu esencia?
―Alex se ruboriza conforme acaba la frase, arrepintiéndose de haber expuesto su idea.
― ¿Qué pasa, vas del rollo “El perfume” o algo así?, sabes que al final… ―Isa mira a Alex perpleja―, espera, ¿has leído el libro no?, no quiero fastidiarte el final por si lo lees…
― No he leído el libro, no suelo leer mucho, soy más de series, no me gusta pensar jajaja, ¿de qué va ese libro?
― Te gustaría, trata de un tío que nació con el olfato súper desarrollado y se carga gente para extraerle su esencia, ¡un chalado de cuidado!, léelo, no es muy gordo ―Le comenta Isa mientras entra en su cubículo y Alex se dirige hacia el suyo.
― “El perfume” ¿no?, vamos a ver… ―Alex murmura mientras busca en Internet algo más sobre el libro, lee algún fragmento― así que se hace perfumista y de los mejores, que técnica más sencilla, interesante…―Da pequeños sorbos a su café analizando la información que lee, un enlace le lleva a otra página y otro a otra, hasta que da con: “destilación casera, haga sus propios perfumes”, mientras, se imagina siendo una gran perfumista como el protagonista del libro.
No, la pesada de mi compañera no fue mi primer proyecto, su esencia no era la idónea, unos días después di con la que en un principio mi genuina mente había evocado: mi amiga Laura…
Alexandra se ha convertido en la mayor perfumista del mundo, ha logrado alcanzar sus sueños, el caso es: ¿los logrará rozar con la punta de los dedos o será capaz de mantenerse a flote sobre ellos?